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Un buen negocio


Richard Branson

Fundador y Presidente de Virgin Group

La protección de nuestros recursos naturales es una de las mayores oportunidades empresariales de nuestras vidas. Tenemos la tecnología para aprovecharla. Lo que necesitamos ahora son políticas gubernamentales idóneas para que el capital se destine a construir una nueva economía; una economía para la que la gente y el planeta sean más importantes que los negocios tal y como existen hoy en día; una economía que cree un modo de vida más igualitario, en armonía con el planeta.

Hasta ahora y en su mayor parte, los negocios, o el capitalismo, han sido un medio para hacer dinero. La manera en que se hacía no era tan importante como el resultado final. Una de las corrientes teóricas más perjudiciales de la década de 1970 fue que sin importar lo que fuese necesario para lograrlo el objetivo principal de las empresas era maximizar su valor para los accionistas. Esto dio lugar a distintos males sociales, como, por ejemplo, empresas que contaminan, echan a sus empleados sin más ni más o generan rápidas ganancias insostenibles a más largo plazo.

El capitalismo ha dado lugar al crecimiento económico y traído muchos beneficios, pero a un costo que no se refleja en los balances. La manera en que se hacen los negocios está destruyendo nuestro planeta. Los recursos se están agotando. El aire, el mar y la tierra están altamente contaminados. Los pobres son cada vez más pobres. Muchos están muriendo de hambre o porque no pueden pagar los medicamentos que les salvarían la vida. Casi la mitad de la población mundial vive con menos de 2 dólares al día y de estos, dos de cada tres no tienen acceso a agua potable.

La mayoría de las empresas piensa solo en las ganancias a corto plazo y se olvida del importante papel que desempeña a largo plazo en el cuidado de las personas y el planeta. En todo el mundo la gente está exigiendo cambios como lo demuestran los movimientos de ocupación.

Mi nuevo libro Screw Business as Usual (Virgin, 12,99 libras esterlinas) cuenta la historia de un recorrido de siete años de duración. Al comienzo de ese recorrido me parecía que me estaba yendo bastante bien como empresario y que además era una persona considerada. Mi vida profesional progresaba sin problemas y en mi vida personal era muy feliz. Pero a medida que fue pasando el tiempo, tenía la sensación de que no estaba contribuyendo en serio a un cambio sobre todo si pensaba en mi increíble buena suerte y me di cuenta de que ni siquiera había comenzado a vislumbrar lo que había que hacer para ayudar a la supervivencia del planeta. También era perfectamente consciente de que había demasiada pobreza en el mundo. Yo siempre había querido que Virgin fuese un gran ejemplo de una empresa con responsabilidad social, pero en un momento supe que lo que estábamos haciendo no era suficiente para ayudar a impulsar un cambio y para hacer participar en ese cambio a todos los que de un modo u otro eran parte de nuestros negocios.

Mi recorrido comenzó verdaderamente después de la visita de Al Gore en mi casa de Londres. La alternativa que me presentó era desoladora. O disminuimos todas las emisiones de carbono y hacemos que la temperatura del mundo se mantenga dentro de un margen seguro, con lo cual podemos llegar a evitar una catástrofe generalizada, o no hacemos nada y observamos como el mundo se calienta y aumenta el nivel del mar.

Mi primera reacción fue pensar en cómo abordar el problema desde una perspectiva empresarial. Tal vez podría hacer un gran gesto que fuera útil en sí mismo y a la vez alentase a otros a seguir mi ejemplo. Así que me comprometí a que los dividendos del grupo Virgin provenientes de las aerolíneas o empresas ferrocarriles en los próximos diez años se invertirían en fuentes de combustibles renovables y, en particular, en la búsqueda de una alternativa al combustible para la aviación.

Lo primero que estudiamos fue el etanol, pero resultó no ser una muy buena idea para los aviones: ¡se congela a 5.000 metros de altura! Así que hemos invertido en investigaciones de científicos que están desarrollando combustibles que no se congelan combustibles a partir de algas, a partir de isobutanol, incluso a partir de eucaliptos mallee. Virgin Australia está trabajando con una empresa para convertir la biomasa leñosa de los árboles en biocrudo que luego se refinará para convertirlo en combustible para la aviación y en biocarbón que se puede incorporar al suelo para mejorar su calidad y, al mismo tiempo, capturar carbono. Y en octubre pasado, Virgin Atlantic dio a conocer un avance más emocionante aún: la conversión de gases residuales de la producción de acero industrial en combustible para aviones.

A estas inversiones ya se las ve como algo realmente positivo, pero para equilibrar la temperatura de la Tierra tendremos que reducir en 25 gigatoneladas las emisiones de carbono anuales a nivel mundial. Por esa razón nuestra fundación, Virgin Unite, creó el Centro de Operaciones del Carbono, con la idea de implantar una nueva manera generalizada de encontrar soluciones de mercado para reducir las emisiones de carbono. El Centro reúne a un grupo de empresarios internacionales con ideas afines para combinar el poder de las empresas con capital y tecnología para ayudar a romper las barreras de mercado y atraer fondos para soluciones que cumplan su cometido.

El Centro ha identificado 25 sectores que, en su opinión, pueden lograr ese cometido, como el transporte marítimo, la aviación, la informática y la eficiencia energética en edificios, para nombrar algunos, y se ha propuesto mostrarles cómo hacerlo. En el sector del transporte marítimo que emite unos mil millones de toneladas de dióxido de carbono al año ha clasificado los buques de acuerdo a su eficiencia energética en una escala de la A a la G. Con esta clasificación los compradores podrán elegir los barcos y puertos menos contaminantes y también suministrar información para que el mercado pueda funcionar mejor.

También ha desarrollado un innovador sistema de financiación para mejorar la eficiencia energética de los edificios a través del cual los prestamistas cuentan con una seguridad prácticamente total ya que la devolución de los préstamos que otorgan para la instalación de doble acristalamiento, paneles solares, etc., se hace a través de un ligero aumento de los impuestos a la propiedad. Esta metodología se puso a prueba en Miami y Sacramento y rápidamente se obtuvieron 650 millones de dólares de empresas privadas para el reacondicionamiento de edificios, la reducción del consumo de energía y la creación de miles de puestos de trabajo.

Las empresas deben reconocer que es más probable que el valor a largo plazo para los accionistas se genere en empresas que valoran a sus empleados, dan un buen ejemplo en las cuestiones ambientales y piensan a largo plazo. Las empresas que gestionan y hacen un seguimiento sistemático de sus actividades de responsabilidad corporativa también, sistemáticamente, han generado más ganancias totales para sus accionistas que sus pares del índice FTSE 350.

Las empresas no solo deberían evitar contaminar sino también eliminar la contaminación generada en los dos últimos siglos y restablecer la armonía con la naturaleza. Deberían ayudar a los menos afortunados a crearse una manera de ganarse la vida para p oder vivir con dignidad. Y deberían reinventar la forma en que vivimos para crear un mundo mucho más igualitario, sano y pacífico. El capitalismo debería adoptar una postura socialmente responsable que cree las condiciones para que los pobres puedan gozar d e libertad económica. A partir de ese momento, surgirán nuevas oportunidades empresariales.

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