Juan Bello, Director y Representante para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
Pensemos en cada pieza de ropa: miles de hilos entrelazados la conforman. Cada uno representa una decisión en la cadena de consumo, desde su manufactura hasta la forma en que la persona que la va a usar la adquiere y, finalmente, la viste.
Pero más allá de cada prenda individual, el impacto colectivo del sector textil en el medio ambiente es innegable. Este año, el Día Internacional de Cero Desechos pone el foco en la industria de la moda y los textiles, destacando la urgencia de adoptar modelos más sostenibles que optimicen la cadena de producción y fomenten soluciones circulares.
Y es que, si hoy tiramos de algunos de esos hilos para ir deshilvanando su ciclo de vida, nos daremos cuenta de que estamos lejos de que nuestros guardarropas sean sostenibles.
La moda rápida ha incrementado la producción de prendas, pero ha reducido drásticamente su vida útil, generando un problema creciente que afecta de manera desproporcionada a los países del Sur Global. En América Latina y el Caribe, esta situación se ha hecho evidente en múltiples frentes: desde la acumulación de desechos textiles en entornos naturales hasta los desafíos en la gestión de residuos sólidos urbanos. Para la región, el promedio estimado de residuos urbanos alcanza una tasa del 4,39% de reciclaje y recuperación, según datos del BID Data Hub.
Un problema global con impacto regional
En la última década, el auge del consumo rápido ha convertido a la industria textil en una de las más contaminantes del mundo. Esto ocurre de forma cotidiana: cada vez que lavamos nuestra ropa, esta libera sustancias químicas y microplásticos en las aguas residuales domésticas. De acuerdo con una publicación del Parlamento Europeo, “una sola carga de ropa de poliéster puede verter 700.000 fibras microplásticas que pueden llegar a la cadena alimentaria”.
Pero el impacto no termina ahí. A nivel mundial, se generan 92 millones de toneladas de residuos textiles al año, y la mayor parte se desecha en vertederos o microbasurales, como ocurre en las afueras de ciudades del norte de Chile, como Iquique y Alto Hospicio. La quema a cielo abierto de estos residuos tiene un efecto perjudicial tanto para la salud como el medio ambiente.
Una gran cantidad de estas prendas es ropa de segunda mano o descartada por la industria. En 2022, 124.000 toneladas de textiles de segunda mano ingresaron a Chile, según datos del Servicio Nacional de Aduanas, muchas de las cuales fueron finalmente desechadas.
Cómo abordar este desafío
¿Qué puede hacer la región para hacerle frente a este desafío y consolidarse como un ejemplo de gestión sostenible?
En Chile, el Ministerio del Medio Ambiente (MMA) está abordando esta problemática mediante la elaboración de una Estrategia de Economía Circular para Textiles al 2040.
En este contexto, la ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, ha destacado que el país trabaja en acelerar la transición hacia la circularidad en este sector, lo que es clave para reducir su impacto.
Esta estrategia se basa en modelos de economía circular que buscan prevenir, reutilizar y extender la vida útil de los recursos mediante la reutilización, reparación, recuperación y revalorización.
La sociedad civil también ha tomado un rol activo en la búsqueda de soluciones. Un ejemplo es Desierto Vestido, una organización de Iquique que visibiliza la problemática en Alto Hospicio a través de talleres educativos y ambientales. En el sector privado, iniciativas como Ecocitex están promoviendo modelos de economía circular para transformar las prácticas del mercado y los hábitos de consumo, ofreciendo servicios de reciclaje textil y bienes reciclados.
El papel del Foro de Ministras y Ministros de Medio Ambiente
El Foro de Ministras y Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe, cuyo secretariado es coordinado por el PNUMA, es un espacio clave donde nuestros países pueden reforzar la cooperación regional en la consolidación de una economía circular, fundamental para abordar este y otros desafíos importantes en la región, incluidos el hacer frente al cambio climático, incrementar la protección y restauración de los ecosistemas, reducir la degradación de nuestros suelos, y prevenir la contaminación, entre otros.
Al coordinar esfuerzos entre el sector público, el privado y la sociedad civil, podemos avanzar hacia una gestión más eficiente y equitativa de los residuos en la región.
El Día Internacional de Cero Desechos es una oportunidad para reflexionar sobre nuestro impacto en el planeta y actuar en consecuencia.
Así como cada hilo tiene su función en un tejido, cada actor –gobiernos, expertos, empresas y ciudadanos– debe ser parte de la solución. Solo si desarrollamos juntos un modelo de producción y consumo más sostenible, evitaremos que la moda siga contribuyendo a las crisis ambientales que enfrentamos hoy en día.